Deseo
El deseo es penitenciario cuando no encuentra escape y refugio, aunque sea breve y furtivo el deseo enciende, pero también congela, genera y desgarra, revolotea por el cuerpo con el mismo ímpetu de todos los años vividos, de la juventud, el deseo me persigue, me exige, me sofoca, me lleva a momentos de locura cada vez más plenos, me enseña que lo que siento es solo mío, no de nadie más, ni antes ni nunca, ahora menos, el deseo me lleva por dentro como yo a él, el deseo me condiciona, me súbita, me exige desenfreno por doquier, me obsesiona, me libera, me confunde, pero retumbo..