8 de marzo, 2020, mi crónica
La primera en manifestar su deseo de ir a la marcha del 8 de marzo, para conmemorar el día internacional de la mujer, fue mi mamá, me lo dijo a poco de anunciarse la convocatoria, quizá movida por las noticias terribles de cada día, para hacer ejercicio o por cierta palabra nueva en el vocabulario: sororidad. Mi mamá tiene 65 años, oaxaqueña de nacimiento, chilanga por decisión, capitalina hasta la muerte. Ella, como todas, también ha sufrido del machismo, no la dejaron estudiar pues era la mayor y debía ayudar en las labores domésticas y la crianza de los hermanos pequeños; y el acoso sexual, aunque dice que en sus tiempos era bonito cuando un hombre le chiflaba a una mujer, en la época de las minifaldas, sí, mi mamá fue libre de andar por las calles en minifalda y no pasaba nada, más que esos chiflidos que recuerda como bonitos, pero, ahora ya nadie chifla, mamá, ahora te dicen vulgaridades, te manosean o se masturban enfrente tuyo. Al paso de los días los ánimos se fueron caldea...