8 de marzo, 2020, mi crónica

La primera en manifestar su deseo de ir a la marcha del 8 de marzo, para conmemorar el día internacional de la mujer, fue mi mamá, me lo dijo a poco de anunciarse la convocatoria, quizá movida por las noticias terribles de cada día, para hacer ejercicio o por cierta palabra nueva en el vocabulario: sororidad.

Mi mamá tiene 65 años, oaxaqueña de nacimiento, chilanga por decisión, capitalina hasta la muerte. Ella, como todas, también ha sufrido del machismo, no la dejaron estudiar pues era la mayor y debía ayudar en las labores domésticas y la crianza de los hermanos pequeños; y el acoso sexual, aunque dice que en sus tiempos era bonito cuando un hombre le chiflaba a una mujer, en la época de las minifaldas, sí, mi mamá fue libre de andar por las calles en minifalda y no pasaba nada, más que esos chiflidos que recuerda como bonitos, pero, ahora ya nadie chifla, mamá, ahora te dicen vulgaridades, te manosean o se masturban enfrente tuyo.

Al paso de los días los ánimos se fueron caldeando entre las mujeres de mi trabajo, las redes sociales y los medios, casi todas mis amigas se organizaban para asistir. Decidí entonces invitar a dos sobrinas para juntarnos, aunque no sabía a qué contingente unirnos, la emoción me invadía, sentía que algo podría ocurrir.

Llegado el día nos alistamos y salimos rumbo al metro, donde ya pude ver a chicas con pañuelos verdes y blusas moradas, sombreros o lentes. En la estación Pino Suárez había caos, el andén estaba repleto de morras, como gustan ahora decir, Revolución igual, a lo lejos ya se escuchaban las consignas, pudimos salir de a poco. En las calles adyacentes al monumento todo estaba lleno, con esfuerzo y paciencia llegamos hasta el Frontón México, no encontramos a mis compañeras de la facultad, no había señal ni internet, así que nos unimos a unas mujeres que echaban goyas.

El grueso de los contingentes lo conformaban chicas jóvenes, estudiantes, algunas con sus mamás, como yo, todas tomadas de la mano y cuidándose, fue increíble ver a tantas mujeres unidas por la misma causa: las muertas, las desaparecidas, las nuestras, nosotras.

El inicio fue muy lento, pero sirvió para oír las consignas y aprendérnoslas, mi mamá nunca se quejó de sus pies, de estar cansada o sedienta, muy atenta y con cartel en mano sin dejarse tomar fotos. El ambiente era como de fiesta, de alegría, de mucha fuerza y empatía, gritamos al unísono para pedir justicia, para que devuelvan a las que se llevaron. Cuando oí la consigna, "con falda o pantalón, respétame cabrón", estremecí y recordé todas las veces que me tocaron, sentí furia y grité con todas mis fuerzas, grité y grité, como en un ejercicio de catarsis, probablemente para muchas también lo fue.

Llegando a avenida Juárez empezaron los disturbios, las bombas molotov y los gases, aunque en ese momento no sabíamos que eran, ninguna de las cuatro nos dejamos amedrentar, era quizá un grupo de 10 junto a las decenas que marchábamos, los gritos primero eran de no violencia, luego, fuimos todas y al final, quemen todo, el coraje y la frustración nos invadían.

Seguimos por 5 de mayo, poco lográbamos ver, muchos nos veían desde fuera, en algún restaurante salieron las meseras con pañuelos verdes en solidaridad con todas. Avanzamos con confianza hasta llegar al Zócalo, pisamos algunas vallas, la plancha no estaba llena, al parecer ya muchas se habían ido, después supe que ni siquiera habían llegado hasta allá por el miedo, nosotras llegamos sin problema.

Ya cansadas nos sentamos en los arcos del antiguo edificio del ayuntamiento donde comimos tamalitos oaxaqueños y chicharrón preparado, a lo lejos veíamos los templetes, chicas en bicicleta, un performance y una hoguera, la explosión de colores morados y verdes, estábamos cansadas, pero contentas, unidas por nosotras mismas, seguras de estar haciendo algo por todas las mujeres de este país misógino y machista.

Muchas estamos cansadas, hartas, no se trata de los destrozos, sino de las miles de mujeres que por primera vez salieron a las calles a manifestar su repudio a esta cruel, horrible realidad, no se trata de las unas contra los otros, se trata de empatía, justicia, sororidad, no podemos seguir escuchando las noticias nefastas de asesinatos y desapariciones de mujeres y niñas, ¿acaso no ven que se nos está cayendo el país encima?

En alguna parte leí recién, no les molesta la forma, les molesta el fondo, ese fondo que siempre nos ha molestado a nosotras, pero que nos lo teníamos bien callado, ya no estamos dispuestas, no más, entiéndanlo, por favor.


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