La vida te pone en el lugar correcto
La vida te pone en el lugar correcto, con la familia lejos, pero con gente que se convierte en familia, con quienes uno crece, aprende, vive.
Mi mamá y yo vivimos décadas en esa casa. En un buen año llegó un pequeñito a la familia de cuatro hermanos, quien hizo muchos de mis días los más alegres, fue como el hermanito que no tuve, lo queríamos mucho, lo disfrutamos tanto, cuidados, juegos y peleas, me aprovechaba de su inocencia, como cuando aseguraba que el pequeño tenía muchas ganas de hacer la tarea, el pobrecillo desesperado gritaba: "¡nooo, no es cierto, no tengo ganas de hacer la tarea!", tiempos divinos, tiempos irreemplazables.
Muy pequeño solía acompañar a mi mamá para recogerme en la escuela, el señor de los helados dejaba que tocara su fila de campanitas porque al niño le daba curiosidad, le gustaba; en alguna ocasión agarró mi mochila amarilla de rejas para irse a la escuela, salió en plena noche a la calle, el niño tenía un reflejo: seguir mis pasos.
Crecimos y en mi etapa rebelde lo llevaba a los conciertos y a las marchas en el Zócalo, una vez me dijo: "ojalá que cuando yo vaya a la escuela aún exista esto", no recuerdo que le contesté, seguramente lo animé. Lo quería mucho, le di lo mejor que podía darle: tiempo y amor incondicional.
La responsabilidad le llegó pronto, a sus 15 años había procreado un hijo, dejo de estudiar, se puso a trabajar, crió a su hijo hasta que el destino se turbó e hizo su existencia cada vez más penumbrosa.
Ahora pienso que su vida fue difícil desde un principio, la muerte prematura de su padre, la sobre protección, el descobijo posterior, hay tantas preguntas que me llenan la cabeza y que se quedarán sin respuesta.
La última vez que lo vi consciente se me salieron las lágrimas de sólo oír su voz y la de su hijo (recuerdo mucho su voz de niñito, lo sueño recurrentemente así), estaba mal, deteriorado, él también lloró conmigo, nos abrazamos, le toqué su carita, pero no me acerqué más, no pude decirle palabras de aliento, había una distancia de respeto y de temor, no sabía que era la última vez que lo oiría, lo lamento tanto.
La última vez que lo vi consciente se me salieron las lágrimas de sólo oír su voz y la de su hijo (recuerdo mucho su voz de niñito, lo sueño recurrentemente así), estaba mal, deteriorado, él también lloró conmigo, nos abrazamos, le toqué su carita, pero no me acerqué más, no pude decirle palabras de aliento, había una distancia de respeto y de temor, no sabía que era la última vez que lo oiría, lo lamento tanto.
En sus largos días de agonía estuve pendiente de él, quiero creer que sabía que estaba ahí, aunque no sé qué le dolía, lo que sentía y sus pensamientos; le hablé, le hablé mucho, del sinsentido del sufrimiento, del dejar ir, de superar cosas, situaciones, resquemores, de disfrutar la vida; le leí un par de veces, quizá lo disfrutó, ya en su casa le recordé aquel concierto de música clásica que escuchamos al aire libre, cuánto le había gustado, estuvo muy atento y animado, creo que también lo pude hacer feliz en algunos de sus días.
Mi niño, mi Cesarito, donde quiera que estés espero que encuentres la paz que tu corazón necesita, que apacigüe tu mente y tu alma, que seas feliz como hubieses querido, todos tus recuerdos se quedan conmigo, gracias por hacerme feliz, perdóname por no haberte ayudado, por no recordarte cuánto te quise siempre, desde que supe que vendrías a este mundo.
Nos veremos en otra vida, en una vida mejor.
Nos veremos en otra vida, en una vida mejor.

Creo Jamás se va a quitar este dolor tan grande, 😭😭
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