Un texto recuperado: Encuentro deseado

Espero que pasen las horas para volcarme nuevamente, ensimismarme en esa atmósfera de placer, hundirme en nebulosos e hilarantes deseos reprimidos, la rutina diaria me distrae, me absorbe, por ello ansío ese momento de paz por las noches, cuando todo está callado y la oscuridad me permite dilucidar, aclarar, ver-te.

Construyo y ensayo escenas distintas, respiración, dulzura tibia y liviandad desenfrenada, arrebatos fuertes y mansos, fugaces y desordenados, extractos de los cuerpos ardientes encontrándose como la primera vez, como la última, como siempre.

Cada vez vienes a mí con actitud complaciente y cómplice, con cierto recelo, yo contemplo tus delicados y suaves pasos, la candidez de tus movimientos, el garbo de tu masculinidad, tu cuerpo elegante y fino, me vuelvo a enamorar con tu presencia, el deseo recíproco late, fluye, vuelve.

En este encuentro, después de las primeras palabras, de reconocernos con los sentimientos, el corazón me salta del pecho, aunque, recordándonos, iremos poco a poco, tímidamente, acercándonos. Por primera vez me tomas de la mano, te ciernes sobre mí y yo en ti, me invitas a pasar a tu casa, que imagino pequeña y acogedora, registro los rincones y los recovecos para impregnarme de ti, para llevarme instantáneas de tu espacio y de tu vida.

Charlamos, bebemos, reímos, hacemos un recuento del pasado y del presente, este reencuentro debe ser memorable después de tantos años. En algún momento, entre la risa y la confianza adquirida, uno se atreverá a buscar el primer beso, el otro, con los nervios y las mariposas revoloteando, se lanzará a él, envolviéndose, ambos, en ese instante exquisito: un tierno y dulce beso que desencadenará fuerzas, escalofríos, emociones, que curará viejas heridas, borrará la agonía, revivirá el fuego de nosotros juntos, amantes eternos.

Luego, no habrá vuelta atrás ni culpa ni engaños, nuestros cuerpos se habrán encontrado para hacerse el amor, para sobrevivir al infortunio, al tiempo, a la existencia. Mi vida no es la misma sin ti, antes no hubo nada importante, después, nada tan lleno de pasión, deseo y locura, amor incondicional.

Aunque el destino nos siga jugando una mala pasada, esta vehemencia por tu cuerpo inerme, por tu sexo ávido y tus brazos rodeándome, mis senos hinchados de tus caricias y tus palabras lascivas, mi boca mordiendo tu boca, lo escrito e imaginado, todo ello seguirá enardeciendo y endulzando las noches solitarias y tristes, los días incompletos y los sueños perfectos de ti, de mí.

Comentarios

Entradas más populares de este blog

Sus grandes manos blancas

La vida te pone en el lugar correcto

28 de julio