Elegancia cardinal
Como no sabe decirlo por sí mismo, lo digo yo en su lugar, porque no sabe que lleva en sí mismo una elegancia cardinal, lo digo yo en su lugar…
La elegancia de su cuerpo, los ángulos de su rostro, la firmeza de sus palabras, los recuerdos revoloteando, breves momentos juntos, su mirada, igual que la mía, más sereno, acaso con los mismos deseos; aun me busca, aun me piensa, aun me extraña... incapaz de pronunciarlo...
Las manos de los amantes, esas manos que tocan, buscan, que enseñan, que suavizan, esas manos blancas y grandes, fuertes y firmes, gozosas y plenas...
Añorar algo tan específico, rememorar cada una de las caricias, las huellas, los palmos, revivir las palpitaciones, las risas después de tiempo, tiempo pasado, tiempo caduco...
¿Cuánto tiempo se puede querer a alguien después de las últimas palabras? después de acallar mil veces las ganas, el ímpetu.
¿Cómo vuelven los nervios con otro encuentro? frío y con el corazón por estallar, con las palabras por implorar, con el espíritu por traicionar, con la sombra de lo que fue y de lo que no.
¿Cómo se deja de querer?
¿Cómo?

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